martes, 8 de agosto de 2017

Si caminamos por la senda socialista, estamos condenados a escribir cada día el "Epitafio para un sueño" truncado

Hablemos un poco sobre Epitafio para un Sueño.



Cuando sales de Cuba y empiezas a conocer el capitalismo no puedes evitar las comparaciones entre el pasado y el presente. ¿Qué hacía en Cuba? ¿Qué tenía? ¿Cuánto ganaba? contra el ¿Qué hago ahora en México? ¿Qué tengo? ¿Cuánto gano solo por estudiar? La cabeza gira y los recuerdos salen todos a flor de piel. Si mal no recuerdo a finales del 96 ya tenía escrita como 200 páginas de anécdotas y recuerdos. Todos tenían algo en común: «Todas las historias que había escrito estaban llenas de tristeza». Fue una especie de catarsis ante tanta frustración e impotencia. Todo lo que nos fue negado gritar a viva voz, tomaba vida y conciencia. Todas aquellas «micro-conspiraciones» entre amigos y compañeros de trabajo empezaron a tomar forma.

En el año 97 me mandan a buscar de Cuba porque había surgido una ley que no podías estar más de dos años fuera y llegó el momento de hacer pública una decisión que había tomado desde la primera semana de estar en suelo mexicano. Mientras se pudiera gozar del privilegio de poder ir a Cuba a ver a mis hijas y a mis padres, había que mantener en silencio la decisión de quedarme. Y fue precisamente el silencio, mi mejor respuesta al que entonces era el decano de la facultad de ingeniería de la universidad de Cienfuegos.

Era evidente que no iba a matar mis sueños de ser libre cometiendo el error de regresarme y vivir en tanta falsa. Ahí surgió la idea del nombre de «Epitafio para un sueño». Después de haber vivido la muerte de tantos sueños, no podía dejar morir el que tenía en mis manos ni dejar morir todo lo que tenía escrito; Había entonces que escribir el epitafio de todos los sueños que nos habían truncado.

Para el año 2000 empecé a tomar mis primeros cursos de escritura creativa, después uno de novela y después otro de cuentos. Ya podía dar forma a todo lo escrito. Busqué un hilo conductor y nacieron «Pepe el Salao» y «Epitafio para un sueño».

Muchos me preguntan si Epitafio para un sueño es un material autobiográfico. Mi respuesta siempre es un NO, aunque en realidad tiene muchas cosas que son parte de mi vida.

El año 1994 fue un año muy duro en mi vida. Ocurrió la muerte de mi padre (o mejor dicho el suicidio de mi padre) y unos meses después viví un divorcio que me pegó muy duro. Y creo que fue el punto de partida para elaborar la trama de esta historia y así describo a «Pepe el Salao». Un personaje que además de vivir su propio infierno tiene que sobrevivir al infierno que vivíamos en la Isla. Un ciudadano de a pie que se levanta cada mañana enfrentando el gran dilema de sobrevivir a cada día. Pepe pasa hambre, no tiene ropa que ponerse, no tiene jabón para bañarse ni pasta de diente para lavar su dentadura, no tiene café, y para colmo no tiene energía eléctrica porque en esa época el gobierno quitaba la luz hasta por 18 horas justificando que por culpa del embargo americano teníamos que vivir en lo que ellos llamaron «Periodo especial en tiempo de paz». Así vivía Pepe y el 95% de la población cubana. Y obviamente así vivía yo.

Y es en ese contexto que Pepe me representa, además que también tiene mi forma de pensar, de hablar y de comportarse ante la vida. Pero en Pepe están representados muchos cubanos. Esos cubanos que aman la libertad, que se cansaron de ser esclavos en su propia tierra, que se rebelaron ante tanta opresión y buscaron la única forma posible de hacer algo por sí mismo: Salirse de Cuba a como dé lugar.

Existe un segundo personaje que también me representa y justamente lleva mi nombre. Carlos, es mi otro yo. El que sale a estudiar y decide no regresarse. Es el que escribe la historia, es el que se enfrentó a todos los demonios que nacen cuando decides convertirte en un exiliado, en traidor a la patria, en una escoria, por el simple hecho de decidir donde es mejor para él su vida. Carlos es el que sufre las venganzas de un sistema que no solo te obliga a separarte de la familia, sino que además te impone y te castiga con leyes migratorias que solo están hechas para joder al cubano y arrancarlo de lo más valioso que existe para una ser humano; su familia. Y así se cumple el objetivo de todo sistema dictatorial: divide y vencerás. Hecha a pelearlos entre ellos, divide a las familias y niega la posibilidad a una hija de comunicarse con su padre, porque es un traidor.

Los demás personajes representan a todos mis amigos que tuvieron que salir en busca de la libertad y del sueño americano. Los que arriesgaron sus vidas en una lancha o en una balsa.  Los que sufrieron la opresión, la discriminación por sus preferencias sexuales, por sus preferencias religiosas o por el simple hecho de no pensar como quería el sistema que uno pensara.

Sobre el personaje Antagónico: Ana Bárbara.

Ana Bárbara es un personaje en el que se funden muchas historias. Tuve una vecina a la que vi crecer criada en el seno de una familia humilde y de una moral muy conservadora. Un día, cuando esa niña cumplió sus 18 años, sobre esa familia se nubló el cielo. Creo que cuando cuento el sufrimiento de Pepe porque su mujer lo dejó, cuento el sufrimiento de ese padre cuando se enteró que esa niña a la que vimos crecer se había metido a Jinetera.

Ves cómo viven el duelo y ves además como ese duelo se va convirtiendo en aceptación y más tarde en una complicidad. Ves cómo evoluciona el pensamiento y la niña que era criticada y juzgada ahora se convierte en el sostén de la familia. Al final te das cuenta que en esa época en Cuba (mucho menos hoy)  ni con principios ni con moral podías ir a comprar un kilo de carne al mercado. Hacía falta «el fula» y tenías que tener un medio para conseguirlo. Es triste ver como se prostituye una hija, pero también tienes que sobrevivir.

En Ana Bárbara también se representa a muchas amigas que por el día jugaban el papel de la estudiante abnegada que cumplía con todas las tareas de la escuela y por las noches se vestían de putas para buscarse unos pesos. En ese tiempo cobraban 40 dólares por unas horas. Esos 40 dólares no los ganaba yo en un año, sumando el salario de cada mes.

Sobre los demás personajes

Todos son amigos entrañables desde la niñez y la adolescencia. Esa juventud que marcó nuestras vidas.

A muchos lo vi irse en el 80, cuando los sucesos del Mariel. A muchos los vi salirse en una balsa después del «Maleconazo» en 1994. A muchos nunca más los vi pero siguen en mi memoria.

La historia de algunos de ellos está plasmada en Epitafio para un sueño.

Y por fin llegó el día.

Solo me hacía falta un acontecimiento para publicar Epitafio para un sueño y ese fue «La muerte de Fidel Castro». Creo que para todos los que nacimos con la revolución y para todo el exilio en general, hay un sueño latente y es el de poder ver antes de morirnos a una Cuba libre y democrática. Pero desgraciadamente no ha pasado y por lo que veo, todavía el pueblo cubano no quiere dejar de ser un pueblo esclavo. Entonces la muerte del tirano me dio ese hecho para que los personajes de Epitafio pudieran tener un motivo para cerrar esas heridas que en muchos seguían abiertas. Ese acontecimiento me ayudó a redondear la historia y me dio ese motivo de celebración que el cubano anhela.

¿Por qué deben leer Epitafio para un Sueño?

Esta historia no está escrita solamente para el exilio cubano. Desde que llegué a México hace 22 años siempre me ha dado mucha curiosidad el amor que se siente por la revolución cubana y sus líderes. Es evidente que ese amor es producto de una historia mal conocida. En México y en el mundo solo se conoce la historia que el sistema siempre contó a su manera.

En la novela hay justamente una mexicana que se mete a esa parte de la realidad que el gobierno nunca muestra al exterior. El día a día de un cubano. La convivencia entre cubanos. La parte mala de una estructura social diabólicamente creada por la maquinaria del gobierno. Y eso es lo que se encuentra Andrea en esta historia. No a un cubano que tiene miedo a decir la verdad y le cuenta a un turista verdades a medias. No a un cubano moldeado bajo los efectos de una triple moral, ese que habla de una forma, piensa de otra y actúa de manera muy distinta a como habla y como piensa. No se muestra a una Cuba de fantasía donde se representa al cubano como un eterno defensor de su gobierno. A eso me niego rotundamente al contar esta historia.

Esta es una historia que pretende mostrar la realidad de estos casi 60 años de dictadura desde la óptica realista de sus protagonistas para que el mundo conozca de una vez y por todas que el sistema socialista se ha basado en el engaño desde su surgimiento y que dejen de pensar que el socialismo es la solución a los problemas actuales que vive el mundo. Sé que es una idea muy ambiciosa y además difícil, pero si con esta novela contribuyo en algo a desvirtuar esa imagen, ya me doy por servido.

Esta es una historia que pretende mostrar la verdadera cara de la revolución cubana, de sus líderes y de sus fabricados mártires y que la juventud del mundo deje de idolatrar a la imagen de un Ché Guevara que fue en vida un despiadado asesino a quien no le temblaba el pulso para dar un tiro de gracia a un cadáver ya fusilado. Se necesita mucha cobardía para rematar a un muerto.

Y es triste ver como esa historia cubana se repite hoy en Venezuela y como en México se corre el riesgo de que el próximo año pueda ganar la presidencia un Andrés Manuel López Obrador, que por más que quiera representar lo contrario, está formado en esas ideas de la izquierda que solo pretende llegar al poder para implantar una dictadura proletaria. Esas dictaduras donde el que menos se beneficia es el proletariado y no tengo que explicar el por qué. Remitirse a 60 años de dictadura stalinista y leninista en las ya extintas repúblicas socialistas soviéticas, a casi 60 años de dictadura castrista en Cuba y más de una década de chavismo en Venezuela es más que suficiente.

Epitafio para un sueño es justamente esa enseñanza: Si caminamos por la senda socialista, estamos condenados a escribir cada día el epitafio de un sueño truncado. Por eso creo que es necesario leer esta novela.



domingo, 6 de agosto de 2017

EPITAFIO PARA UN SUEÑO



22 años después de salirse de Cuba en una lancha, Pepe el Salao escucha en las noticias televisivas un hecho que esperó por años: «Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz». La nueva lo transporta, inevitablemente, a su pasado en Cuba, especialmente a aquellos acontecimientos que lo obligaron a tomar la decisión de decir adiós definitivo a su patria para buscar tierras de libertad. Corría el año 1994 y marchaba un día normal, como otro cualquiera, en la vida de Pepe el Salao, quien era un hombre común que creía que su mala suerte era consecuencia de un padecimiento crónico o una especie de castigo divino que le habían dado al nacer. Realmente, Pepe no podía explicarse por qué todo lo malo siempre le ocurría a él: su padre se suicida lanzándose al vacío desde el quinto piso del hospital general de la ciudad, su esposa lo abandona por un chulo y decide ser jinetera buscando mejor vida, y el día que Pepe decide romper un celibato de casi dos años -donde solo estuvo acompañado por el alcohol y su forzada soledad- acostándose con una turista mexicana que conoce casualmente, la policía política de la isla comienza a acosarlo y es hasta despedido de su trabajo. Todos estos hechos, sumados a las carencias materiales de un duro Periodo Especial y la polémica situación político-social de la isla, arrinconan a Pepe en la desesperación obligándolo a elegir entre el orgullo y sus principios dentro de Cuba, o la libertad fuera de la isla. Epitafio para un sueño es una novela histórica inquietante que a través de la vida de Pepe el Salao narra una época y circunstancias que marcaron fuertemente la historia cubana. Con lenguaje coloquial y fuerte carácter testimonial, entre la realidad y la ficción se mueven los personajes de esta novela mientras van mostrando la situación real de un país que por momentos asemeja una gran prisión para sus habitantes, y fundamentalmente, para Pepe y sus amigos. Una trama repleta de amor, traición, odio, corrupción, misterio y, sobre todo, la lucha constante para sobrevivir dentro de un país que se desmorona. Epitafio para un sueño es, también, una cruda denuncia social y política de un régimen que desde enero de 1959 hace y deshace a su antojo en Cuba, un país donde nadie importa más que esa fauna de dirigentes comunistas que oprimen al pueblo y que trabajan para un régimen que, aunque ha pasado su fecha de caducidad, aún se mantiene en el poder. 

Carlos Alberto Dueñas Aguado regresa con esta, su segunda novela, con una pluma fuerte y crítica, aguda y sin tapujos, que muestra la destreza de un novel autor que puede transitar desde la novela erótica hasta la novela histórica con el talento del buen escritor.



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sábado, 25 de febrero de 2017

Afrodita, Tiberio y el secreto de Mal Tiempo.


Afrodita Pérez, decidió que no quería saber nada de curas, monaguillos ni seminaristas, desde aquel día en que en un ataque de valentía, entregó su alma al diablo.
—¡No puede ser!... ¿estás loca? — exclamó el padre Tiberio al escuchar la confesión de amor que acababa de hacerle Afrodita ― Te prohíbo que vuelvas a repetir tan pecadora confesión.
Afrodita bajó la cabeza y sendas lágrimas surcaron su fino rostro. No podía imaginar que aquel hombre no sintiera lo mismo por ella después de tantos meses de estar tan cerca de él. Juntos visitaban las comunidades campesinas próximas al poblado de Mal Tiempo, un municipio de Cienfuegos, llevando alimentos y ropas para los guajiros más necesitados. Juntos preparaban las ceremonias de bautizo, bodas, misas y hasta las clases de catecismo que se organizaban para la preparación de los fieles católicos que se disponían a tomar su primera comunión.
Afrodita era una especie de asistente personal del Padre Tiberio, un joven que no pasaba de los 30 años de edad y que se había consagrado a Dios buscando la paz de su alma.
Para Afrodita, la negativa del Padre fue el mayor de los golpes recibidos en sus ya 20 años cumplidos. No concebía su vida sin el amor de Tiberio y aunque Dios no la perdonara nunca, ella estaba dispuesta a aunque sea darse un arrimón con el apuesto sacerdote.
A partir de ese momento y dada algunas reacciones de despecho que mostró Afrodita, la bola rodó por el pueblo y de tanto rodar, creció y se convirtió en un enorme chisme…
«― ¿Te enteraste? El Padre Tiberio se está dando a la Afrodita… ¡quién lo iba a decir! ―Decía doña Alfonsina, la bruja más chismosa del poblado»
Y poco a poco algunos fieles se fueron alejando del párroco y le exigieron que si en verdad tenía dignidad, lo menos que podía hacer era largarse del pueblo. Y así lo hizo y con ello, Afrodita perdió la razón de vivir.
Unos meses después Afrodita resolvió cambiar de aire y convenció a sus padres para que la dejaran irse a Cienfuegos. Necesitaba alejarse de todos los recuerdos y reencontrarse con la vida, con la verdadera mujer que llevaba por dentro y por qué no, encontrar al hombre que la sacara de su enfermizo amor por Tiberio.
Nadie sabe a ciencia cierta que pasó, pero a los tres meses de estar supuestamente estudiando en la escuela de economía de la capital provincial, Afrodita regresó a su terruño. Y desde ese día, el batey de Mal Tiempo tuvo un personaje para la historia.
Cuenta su hermana Rumacinta que pasaron tres largos años sin que Afrodita dejara de llorar y lo poco que dormía, lo lograba en brazos de Celestina, su amorosa madre, que tuvo que dejar de atender a su marido, quien desesperado por darle uso a su aparato, se buscó una amante y por razones obvias, este chisme no rodó de boca en boca pues la que se encargaba de darles sus buenas arrimadas al bueno de Don Hilario, era nada más y nada menos que la bruja más chismosa del pueblo.
Nadie podía contentar a Afrodita quien en su eterno divagar no encontraba consuelo para sanar sus heridas. Algo muy duro había pasado en su supuesta ida a la capital, y no había Dios, ni curas, ni curandero, que pudiera sacarle lo que llevaba por dentro.
Un día, cansada de tanto sufrimiento y de ver a su hija hecha una piltrafa, Celestina decidió traer al pueblo a una prestigiosa psicoanalista: la Dra. Soledad Cañón, quien ya curada de su adicción por el sexo, había decidido consagrar su vida a ayudar a toda persona que sufriera de una depresión crónica, sin cobrar un centavo por sus servicios.
Cinco horas de encierro bastaron para que ante la sorpresa de todos, Afrodita dejara de llorar y por primera vez en tanto tiempo una alegre sonrisa se asomara en su rostro, al término de la fatigosa terapia a la que se entregó.
Y ese misterioso suceso del pasado que marcó tan drásticamente la vida de Afrodita quedó guardado como un secreto que sólo en el pueblo sabían Afrodita y su madre: Lo único que se sabe es que desde ese día no se supo nada más de Don Hilario y que nadie vio llorar jamás a la Afrodita, ni incluso, siete años después, el día de la muerte de Doña Celestina, ocurrido justamente cuando nació el tercer hijo de la mujer que un día se había convertido en diosa.
Ese día, encontrándose aún adolorida por los efectos del parto, ante el féretro de su madre y llevando al recién nacido en sus brazos, dijo en voz casi gritando:
― Madre, que Dios me perdone, sé que no estarás muy de acuerdo con esta decisión que acabo de tomar, pero este niño, se llamará igual que mí… ― Y pegando su boca al oído de la ya inerte Doña Celestina, terminó la frase en un indescifrable murmuró.


Siete años antes.

― Afrodita, no tengas miedo. Sólo he venido a ayudarte―le dijo la Dra. Soledad Cañón.
Afrodita empezó a hablar hundida en un mar de sollozos.
―Doctora, son muchas cosas las que me tienen en este inmenso vacío.
―Háblalo, necesitas sacarlo todo…
El día que Afrodita se fue de su casa, no fue para irse a estudiar a la escuela de economía, como le había dicho a sus padres. Su inmenso amor por Tiberio no la hizo flaquear un segundo en su intento por buscarlo hasta donde fuera necesario. Y así lo hizo. Con el nuevo párroco de Mal tiempo, averiguó el paradero de su amado. Para su sorpresa, se enteró, que ante los rumores de que Tiberio había incumplido las reglas católicas del celibato, había decidido irse a un retiro espiritual muy cerca de los Baños de Ciego Montero y así pensar si en realidad ser cura era su vocación: Pero la realidad era otra. Tiberio la amaba y se había ido para renunciar a seguir siendo sacerdote y luego venir por ella y juntos formar una familia.
La felicidad la cegó y en vez de regresar y esperarlo, Afrodita fue directo al pueblo de Ciego Montero y lo encontró en su bohío en medio del monte. Al verla, el arrepentido sacerdote se lanzó a sus brazos y se entregaron en un apasionado beso.
―Ya no aguanto más―le dijo―. Te amo, y por ti estoy dispuesto a todo. Ya basta de engañarme, yo no nací para ser cura. La carne es más fuerte, el amor es más poderoso que toda la fe que pueda existir. ¡Ya basta! ― Y tomándola de la mano Tiberio corrió al encuentro con su madre ―. Madre, te presento a la Afrodita, la mujer de quien tanto te he hablado.
― Que Dios te perdone hijo, pero si esta es la mujer que tanto amas, dale riendas sueltas a tus sentimientos. Dios sabrá perdonarles sus pecados. ― Y dirigiéndose a Afrodita le dijo dulcemente―. Si tú eres más fuerte que la fe que mi hijo dice profesar por Dios, conviértete en su diosa y qué desde ahora se entregue por completo a ese amor tan poderoso.
Y abrazándola muy fuerte a su pecho, terminó diciéndole al oído.
― Desde hoy, esta es tu casa.
Faltando un día para cumplir los tres meses en casa de Tiberio, y plenos de amor, placer y lujuria, ocurrió lo que para muchos creyentes podría ser llamado como el castigo de Dios.
Ese día, mientras su suegra miraba sus recuerdos de familia, le pidió a Afrodita que la acompañara. Un viejo álbum de fotos, le hizo recordar su pasado, y sobre todo aquellos tiempos en los que había quedado embarazada y esperaba el nacimiento de su hijo.
―Es curioso, entre tantas fotos que tienes en este álbum, no hay ninguna del papá de Tiberio―señaló Afrodita.
―Ese ha sido siempre un secreto. Ni el propio Tiberio sabe quien es su padre. Creo que fue una de las cosas que lo orilló a entregarse a Dios, sin estar convencido de su vocación. Fue un amor prohibido, un amor sin sentido, más que ese regalo que me hizo.
Y buscando en un cajón sacó unas cartas visiblemente empolvadas. Abrió un sobre y sacó una foto de aquel hombre al cual pecaminosamente se había entregado.
Afrodita palideció de inmediato y casi temblando exclamó:
―Señora, este hombre es mí… es mí padre.

***
Hoy el pequeño Tiberio ya tiene cinco años. Sin dudas, es el consentido de Afrodita, quizás por ser entre sus hijos, el que encierra ese secreto que nadie, a pesar del tiempo, ha podido todavía descifrar.

Y cada año, en cada celebración, Afrodita, ante la tumba de Doña Celestina, le repite la misma frase que le dijo el día de su muerte… «Madre, que Dios me perdone, sé que no estarás muy de acuerdo con esta decisión que acabo de tomar, pero este niño, se llamará igual que mi hermano, que sin que nadie pueda impedirlo seguirá siendo mi marido.»
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