jueves, 14 de diciembre de 2017

Esperando un Milagro.


Hace unos días mientras nos poníamos de acuerdo en la fecha para una entrevista a propósito de mi novela “Epitafio para un sueño” el periodista Agustín Rangugni me preguntaba: Carlos, ¿Cómo ves el futuro de Cuba cuando el actual presidente Raúl Castro deje el poder en febrero del próximo año? Confieso que aunque conversamos un rato sobre el tema, después de habernos despedido la pregunta me seguía taladrando en mi cabeza.

Y es que esa misma pregunta me la hice el 25 de noviembre del año pasado cuando escuchamos la noticia de que había muerto el dictador: Carlos, ¿Cómo visualizas el futuro de Cuba ahora que ya no está Fidel?

Y ha pasado un año y como decía aquel bolero de Panchito Riset:

El cuartito está igualito
Como cuando te fuiste
Y siempre estará así
Como te gusta a ti...

Y me atrevo a asegurar que a un año después de que Raúl deje el poder, sea quien sea quien lo tome, el cuartito seguirá igualito o tal vez peor, con nuevas consignas, con nuevas promesas, con nuevas desilusiones y frustraciones.

Y es que predecir el futuro de un país en la que su gente desconoce el significado de la palabra “Patria”, más que para corear la frase célebre del dictador; Patria o Muerte y que prefiere morir y humillarse antes que luchar para tener una Patria libre, es completamente imposible.

Cuando se viven muchos años de ver pasar la vida sin saber que pasó, no puedes darte cuenta que has vivido y seguirás viviendo para nada.

Para hablar de un futuro diferente en Cuba, verdaderamente hace falta que ocurra un milagro. Un milagro que no está en las manos de ese pueblo cuyos hombres y mujeres no hacen nada ante los abusos que los sicarios de la tiranía cometen a diario contra una disidencia, que clama de manera pacífica por los derechos de ese mismo pueblo que ignora sus reclamos.

Un milagro que no está en las manos de ese pueblo que enmudece cada 1ro de enero cuando la dictadura criminal celebra un año más de permanencia en el poder.

Un milagro que no está en las manos de ese pueblo que desde ahora, estará de luto cada 25 de noviembre cuando declaren 9 días de duelo para recordar a su Dios, hoy convertido en cenizas.

Un milagro que no está en las manos de ese pueblo que sabe que si en lugar de aplaudir en cada discurso y actuar como sumisos esclavos, se uniera para protestar, le enseñaría al mundo todas las mentiras que ha vendido la dictadura a lo largo de estos 59 años en el poder. Le mostraría al mundo que Cuba es un país donde la oposición no tiene voz y mucho menos, posibilidad de un día presentar a un candidato a la presidencia que pueda cambiar los destinos del país. Le mostraría al mundo que en Cuba se está gestando una cruel dinastía de los Castros, que aspira a seguir gobernando por la eternidad de los tiempos en un país del que se creen dueños absolutos.


Un milagro que no está en las manos de ese pueblo que tristemente tendrá que esperar a que otros lleguen, si es que llegan, y le otorguen el Milagro.

jueves, 7 de diciembre de 2017

A un año de su muerte, el Coma-Andante sigue jodiendo más que nunca...


Ya ha pasado un año y otros nueve días de funerales religiosos y para el pueblo esclavo de Cuba—al menos así parece—El Coma-Andante no ha muerto, sigue más vivo...
Vive en cada cuadra donde hay un comité de defensa llenos de chivatos que siguen pasando hambre y continúan gritando «Esta es tu cuadra Fidel».
Vive en cada federada que habita en los edificios en ruinas de Centro Habana, de la Vibora, de Santo Suarez..., Y de toda Cuba en ruinas.
Vive en cada bache de las calles abandonadas del país.
Vive en una Asamblea Nacional que convoca a elecciones falsas y manipuladas donde pueden elegirse comunistas.
Vive en cada ESBEC y Escuelas Vocacionales, convertidas hoy en solares y vecindades, porque ese proyecto no funcionó.
Vive en cada central azucarero desaparecido porque ya la caña de azúcar no es el mono-producto que sacará a Cuba de la crisis.
Vive en cada fábrica con tecnología Rusa que hoy no funciona porque no tienen materia prima ni piezas de repuesto.
Vive en la libreta de abastecimiento que nunca ha abastecido al pueblo y que se expande por algunos países de América enseñándole al mundo que hasta la miseria hay que racionarla.
Vive en las gomas de carro abandonadas en los solares y llenas de larvas de mosquitos, vive en el Dengue, vive en la avitaminosis que sufre el pueblo por una carencia alimenticia generalizada.
Vive en cada hospital sin medicinas, sin sabanas, sin equipos de esterilización, sin gaza, sin aspirinas, sin médicos porque la gran mayoría está en Venezuela y Ecuador.
Vive en cada médico que no tienen con que salvar a un amigo. En cada médico que no tiene ganas de trabajar con tanta carencia de todo y sobre todo de higiene en los hospitales del pueblo.
Vive en cada farmacia sin antibióticos.
Vive en cada ómnibus Girón, en cada camello, en cada carro americano que circula como un Frankenstein con piezas de cualquier nacionalidad y que contaminan las calles de la isla.
Vive en las croquetas pega-cielos que come el pueblo. En las pizzas sin quesos, en las panaderías sin harina.
Vive en los hoteles a los que los cubanos no tienen acceso, y que son propiedad de empresas militares de la dictadura, donde juegan a ser capitalistas los generales que no pueden salirse del país porque cargan con muchos muertos en su espalda.
Vive en cada policía que golpea a un disidente, a una Dama de Blanco, a un artista que quiere exponer su arte no politizado.
Vive en cada joven de niña que entrega su cuerpo a un extranjero para mantener a su familia.
Vive en cada madre que llora la muerte del hijo que se lanzó a la mar y fue comido por un tiburón.
Vive en cada madre que llora la pérdida de un hijo en Angola, en Etiopía, en América latina.
Vive en cada ingeniero o licenciado que hoy es taxista, escultor, artesano, y «bisnero» porque no hay trabajo para su profesión y porque así gana en dólares.
Vive en cada fusilado que se alzó en su contra en el Escambray, en cada preso que recibió torturas y acoso del régimen, en los miles de muertos que han caído a lo largo de estos 59 años.
Vive en cada esclavo que visita la mole de piedra que contiene sus cenizas.

Y para colmo, vive en los miles de hipócritas que viven en el exilio y disfrutan las bondades del capitalismo pero que desde ahí todavía defienden a esa horrible revolución. 
PERO PARA NOSOTROS, EL EXILIO REAL, ESTÁ MÁS MUERTO QUE NUNCA.

lunes, 4 de diciembre de 2017

El hombre nuevo y su llegada al exilio.


FRAGMENTOS DE UNA CONVERSACIÓN ENTRE AMIGOS HABLANDO SOBRE EL HOMBRE NUEVO EN LA SEGUNDA PARTE DE EPITAFIO PARA UN SUEÑO.

—Ese es el tipo de pensamientos que se inculcó a lo que Fidel Castro llamó el hombre nuevo; la esperanza del futuro, los que darían continuidad a la revolución. Fue una estrategia muy bien pensada en la que crecimos viviendo en la mentira. Todo empezó desde el mismo primer día en que tomó el poder—dije haciendo alusión a la carta que había Paulina en el disco.
—Lo primero que había que hacer era trabajar con los niños y usar la escuela y al maestro como medio de penetración—señaló Pepe—. Y para que la escuela funcionara había que empezar por cambiar la historia y garantizar programas de estudios debidamente estructurados para sembrar la semilla socialista desde edades muy tempranas y que la influencia de los padres pasara a un segundo plano.
—Y qué mejor que crear una organización que agrupara a los pequeñitos con un guía al frente de cada grupo encargado de controlar y manipular a esos pequeñines—puntualizó Ana—,  y es ahí que surge «La Unión de Pioneros de Cuba». Al principio trataron de que se pareciera a los grupos de «boy scout» con la finalidad de convertir a los niños en gente responsable, desarrollar el carácter, y desarrollar la autosuficiencia a través de la participación en una amplia gama de actividades, como acampadas, fogatas, excursiones… y así cultivar en ellos la doctrina comunista.
—Claro, meterle a la fuerza el amor a los héroes. No se me olvida que cada 28 de octubre los niños debían desfilar hacia cualquier malecón o riachuelo a echarle una flor o una corona de flores a Camilo Cienfuegos. Uno de los primero héroes revolucionarios que había desaparecido en el mar cuando fue a meter preso a Huber Matos. Luego, al paso de los años y después de la muerte del Ché Guevara en Bolivia, a los niños había que prepararlos para que siguieran el ejemplo de Guerrillero Heroico y entonces cada mañana en el acto cívico de izar la bandera en la escuela un niño delante de todos gritaba «Pionero por el Comunismo» y el resto respondía a coro, «Seremos como el Ché». De solo recordarlo me da una rabia incontenible. Quien les dijo a esos cabrones que los niños querían ser como el Ché—remató Ana en un tono que reflejaba su molestia.  
—A esa edad no hay la madurez necesaria para tener una ideología política definida, pero es la mejor edad para que el niño empezara a absorber como esponja los mensajes subliminales que enviaba el gobierno. Cambiaban la historia de Cuba desde la óptica de la revolución y para eso había que crear un antes, un después y un punto de partida—Pepe hizo una pausa para encender un cigarro y luego prosiguió—. El 1ro de enero de 1959 fue el punto de referencia. Antes de esa fecha todo era malo, nada servía, el país estaba oprimido y olvidado bajo los efectos del gobierno asesino, corrupto, y brutal de Fulgencio Batista. Después del 1ro de enero y la llegada de Fidel, todo era bueno, todo era justo y ese pueblo olvidado pasó a ser el dueño de su destino. No existe mejor estrategia que aquella en la que se repiten las mentiras y se comienza a fomentar el enfrentamiento entre los niños y su familia. No debe haber existido un hogar en Cuba por aquellos tiempos en que un niño escuchara al abuelo decir: Antes de la revolución había de todo y el niño refutarle: Abuelo, pero no teníamos ni salud ni educación gratis como ahora.
—Es cierto—interrumpió Ana—. La escuela llegó a convertirse en la poseedora de la verdad absoluta y la lógica era inculcar esa «verdad» a los niños y a los jóvenes.
— «Verdades» tales como: que Martí era el autor intelectual del Moncada y el precursor del ideal de la vinculación del estudio y el trabajo. Entonces apareció para los jóvenes el trabajo voluntario, las escuelas al campo y por último, las escuelas en el campo. Todo aquello que hiciera que la juventud estuviera menos tiempo en sus casas y más tiempo embebido en consignas, propagandas, multitudes, lemas, y una inyección continúa de ideología.
— O como que los que se habían alzado en el Escambray en contra de la revolución eran unos asesinos que mataban guajiros y vacas en el monte, sin escrúpulos y al servicio de la mafia de Miami. O como que Girón fue la primera gran derrota del imperialismo en América y que los mercenarios criminales que desembarcaron por bahía de Cochinos bombardearon a gente inocente, pero que gracias a Fidel en menos de 72 horas fueron derrotados y después cambiados por compotas. O como que la Universidad era para los revolucionarios y que los vagos y los homosexuales fueran a las UMAP. O como que la religión era el opio de los pueblos y que un religioso en Cuba era un contrarrevolucionario en potencia, porque desde la iglesia se hacía contrarrevolución. O como que Posada Carriles era un terrorista asesino al servicio del imperio. O  como que los que habían abandonado Cuba en el 80 eran escorias, y los que salieron en los años 90’s balseros alentados por esa criminal ley de ajuste cubano que enviaba al pueblo a un suicidio seguro en alta mar—dije.
—Nunca al hombre nuevo se le dijo, o escuchó en Cuba, en una noticia ni en radio ni en televisión «Verdades» como que la revolución socialista era un engaño. O como que la zafra del 70 fue un despilfarro económico. O que el Ché Guevara fue un asesino y que fusiló a cientos de hombre en la prisión de La Cabaña. O que Huber Matos no fue un traidor y quien traicionó al país y a la revolución fue el propio Fidel Castro. O que fue el propio Raúl Castro fue quien asesinó al comandante Camilo Cienfuegos. O que el famoso bloqueo económico de Estados Unidos hacia Cuba siempre ha sido un engaño y un pretexto para fomentar el odio del pueblo cubano hacía el pueblo americano—enumeró Pepe con las venas del cuello que se le querían salir.
—Qué razón tienen—continuó Ana—. Así se fue formando al hombre que Fidel había soñado. Primero pionero, después joven comunista, y como colofón militante del Partido Comunista. Ese es el hombre nuevo, que creció sin valores, sin amor propio, sin amor a la familia, sin amor al prójimo. Un hombre nuevo repetidor de consignas y promotor de una ideología fomentada en el odio y en la destrucción.
—Pero un día, ese hombre nuevo creció, y se topó por alguna casualidad en su miserable vida con que ese líder inmaculado y brillante se enriqueció de poder y de dinero, mientras ellos seguían siendo miserables. Y se dio cuenta que ya tenía una enfermedad terminal. Porque era un hombre nuevo pero sin alma—Señalé pensando en los miles de socialista que podrían sentirse engañados.
—Un hombre nuevo que no tenía nada, que no sabía trabajar, que no sabía producir, que no sabía ser más que un socialista, sin otra cosa, más que ser el responsable de su propia destrucción y con único sentimiento de joder a los demás—puntualizó Ana.
—Y ese hombre nuevo un día llegó al exilio y se creyó que seguía viviendo en Cuba, y desde ahí siguió amando a su revolución y amando a su líder y se dio cuenta también, que aunque viviendo en el exilio, seguía siendo un miserable—terminé mientras me ponía de pie y me dirigía al baño. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Papá, necesito una historia de terror...



No sé si muchos sepan, pero mi Hijo Carlos Alberto Jr., está estudiando Cine y de más está decirles que se siente plenamente realizado porque pudo estudiar lo que verdaderamente le gusta desde niño. Bueno el caso es que ayer me dice:

—Oye papá, quiero que me ayudes para un trabajo que tengo hacer en la Universidad—me dice.

—Claro que sí, ¿De qué se trata?—le pregunto.

—Es que tengo que hacer un cortometraje y necesito una historia. Yo sé que no es el género que te gusta escribir, pero la historia tiene que ser de ciencia ficción con una mezcla de terror y que la mayoría de sus personajes sean Zombis.

La verdad que me la había puesto en chino. En mi vida he podido ver un capítulo de “The Walking Dead” ni de “Games of Thrones”. Y no es porque piense que ninguna de esas series no sirven. No, mi problema va con el género. No me gusta ni la ciencia ficción ni nada que tenga que ver con zombies, o historia de terror como las muy taquilleras del día de Halloween. Pero ustedes comprenderán que no podía decirle que no.

—A ver, déjame ganar en claridad. ¿Quieres un protagonista que sea un asesino desmedido?

—Sí—me responde.

—¿Quieres que la trama principal sea de ciencia ficción? ¿Algo que parezca increíble, totalmente utópico?

—Sí—me vuelve a responder.

—¿Y que todos los personajes de la historia se comporten como Zombi?

—Es correcto.

—Ya la tengo—le dije, y empecé a contarle una historia…

Érase una vez, en la más grande de las islas del Caribe, llegó un señor al poder tras haber derrocado a un gobierno militar que estaba vendiendo al país a gran parte de la mafia italiana que radicaba por aquel entonces en Estados Unidos. Estos hombres querían convertir a La Habana en un gran casino y hacer de la ciudad una réplica de lo que es hoy Las Vegas. Llena de luces, de glamour, de juegos, de vicios, de dinero por todas partes.

Pero ese señor, quien durante su juventud había leído muchas historias de hombres que solo querían el “Bien” para sus pueblos. Hombres como Pepito Stalin quien participó en la Revolución de Octubre (1917) y fue nombrado Comisario del Pueblo de Asuntos Nacionales. Más tarde en 1924 tomó el control total del Partido Comunista y expulsó a sus principales rivales, entre ellos León Trotski. Desde 1928 aplicó los "planes quinquenales" para industrializar la Unión Soviética. Logró grandes avances, pero a costa del sacrificio de millones de trabajadores. Durante la Segunda Guerra Mundial lideró el triunfo soviético sobre los alemanes y en mayo de 1945 sus tropas tomaron Berlín. Durante la Posguerra mantuvo el control de un sector de Berlín y los países de Europa del Este.

Fue entonces que ese señor dijo: Yo seré como Pepito. Y así fue. Desde el primero de enero de 1959, ese señor construyó una gran nación con educación gratita, con salud gratuita, donde todos los hombres serían iguales. Donde no hubiera discriminación racial ni de ideología, ni de preferencias sexuales, ni hubiera odio entre sus habitantes, ni mucho menos falta de libertad de credo, de expresión ni de ideología y tal y como hizo Pepito en Rusia, eliminó  a todo el que pudiera ser un freno a sus maquiavélicas intensiones.  

Mi hijo seguía la historia con gran atención hasta que llegado a un punto de la misma me pregunta con cierta cara de: No sé por qué me cuentas esto…

—Oye Papá, pero no veo zombies por ninguna parte. Esto no tiene que ver nada con lo que te pedí. No hay terror, no hay asesinos, no hay ficción. Me estás contando la historia de tu país.

—Hijo, no quieres más zombies que un pueblo que lleva casi 60 años soportando mentiras, opresión, hambre y para colmo aplaude y sigue a un gobierno que lo único que ha hecho es llevarlo a convertirlo en el pueblo más oprimido que existe actualmente en el mundo. ¿No quieres más terror que el que ha vivido el pueblo cubano desde que Fidel tomó el poder? ¿No quieres más asesinos que toda la cúpula de comandantes que junto a Fidel asesinaron a miles de cubano por solo pensar diferente?

Carlos sonrió, hizo unos apuntes y luego se puso de pie mientras murmuraba…

—Tienes razón papá.

Tomó su cámara, la prendió y con una sonrisa en sus labios me dijo:

—Empezamos…


Y comenzó la entrevista.  

jueves, 21 de septiembre de 2017

CRÓNICAS DE UN TEMBLOR.

CRÓNICAS DE UN TEMBLOR.
CON PERMISO DE GUSTAVO CERATI… “CUANDO PASE EL TEMBLOR…”

Hay una grieta, en mi corazón
un planeta, con desilusión…
Despiértame cuando pase el temblor…
Despiértame cuando pase el temblor…


Hace muchos años, por allá de la secundaria, leí un cuento de ciencia ficción y justo en el último párrafo el autor explicaba cómo se producía un temblor. Todos los planetas de nuestro sistema solar eran simplemente huevos que un ave había puesto hacía millones de años. Estos huevos; unos más grandes que otros, orbitarían alrededor de una fuente luminosa (el sol) quien suministraba la energía necesaria para que dentro de los huevos se desarrollaran sus pichones. Un día el ave regresaría por sus crías y cada uno de sus hijos formaría otro sistema que tendría tantos planetas como huevos pusiera. El nacimiento de estas crías sería el fin de nuestro sistema solar.

Me recuerdo que el último párrafo me impactó tanto que fue para mí una de esas lecturas que nunca olvidas. Decía algo así: (…) Ya se acerca de regreso el ave y mientras su hijo espera que llegue y le ayude a romper el cascarón, se sacude dentro del planeta. Siento los primeros temblores. El final está muy cerca. La destrucción es necesaria para que empiece una vida (…) Esa es la sensación que sientes cuando vives un temblor de esta magnitud. No hay película ni cuento o novela que pueda describir esa sensación (por muy buena que sea) hasta que la vives en carne propia.

Este martes 19 de septiembre hizo exactamente 15 días que estamos viviendo en esta nueva casa, y también hizo curiosamente 32 años de aquel terrible temblor que sacudió a México en 1985. Pareciera que toda la estructura rocosa del planeta tuviera una memoria meticulosamente programada para que cualquier día 19 de septiembre de cada 30 + (n+2) años nos refresque la memoria. Si suponemos que n toma valores empezando por cero, el siguiente trancazo sería en 2050, año en el que muchos de nosotros no estaremos pero aquí se los dejo porque quien sabe si esto pueda ser una profecía y dentro de 33 años me vuelvo famoso. (Ahí se lo encargo mucho a mis hijos para que disfruten de mis derechos de autor y lo registren como las profecías de NostrePepusSalaus y para que no se les ocurra en esos días estar ni de visita por la Ciudad de México).
Volviendo a lo que iba, la cosa es que estábamos sentados en la terraza disfrutando de un buen café y de la visita de una querida amiga cuando de repente el suelo empezó a moverse. Yo en estos 22 años que vivo en Cuernavaca he sentido muchos temblores, pero nada que ver con este. Los otros han pasado por debajo de los pies, o me han dado una ligera sacudida o hasta ni los he sentido… te enteras porque oyes las noticias y punto. Pero este… ¡no jodan! El piso empezó a moverse primero oscilante, después trepidante (Hacia arriba y abajo), después ambos a la vez.

Nos paramos de la mesa y nos salimos de la terraza y fuimos al centro del jardín… en el camino nos alcanzó el oleaje de la alberca que lanzaba el agua a ambos lados como si un pinche gigante estuviera sacudiéndola de un lado para otro y lo más terrorífico fue el ruido que sentíamos a nuestras espaldas. La casa crujía como si quisieran arrancarla de un cuajo, los adornos de cristales estallaban al chocar con el piso, pedazos de recubrimiento de pared se desprendían y al chocar con el piso se convertían en polvo. Cuando intentamos voltearnos para ver la casa no nos podíamos sostener parados… la tierra literalmente parecía una cuerda floja en la que intentas buscar el equilibrio y no puedes. No sé cuánto duró pero cuando el movimiento cesó, todo, prácticamente todo estaba en el suelo. La casa parecía un set de grabación de una película en donde llega el dueño de la casa y se encuentran con que todas sus pertenencias están fuera de sus lugares porque unos ladrones o policías habían hecho un registro buscando algo. Así estaba. Todos los cajones de los closets, de las mesas de noches, estaban salidos y algunos literalmente en el piso. Las televisiones de las recámaras estaban caídas, los cuadros, los libros… todo era un auténtico campo de batallas.

Vivir algo así es desesperante. Pero lo realmente angustiante viene después cuando intentas localizar a tu hijo que estudia en La Ciudad de México o a las hijas de mi esposa que están en Puebla (muy cerca fue el epicentro) y te encuentras con que las llamadas no entran, los teléfonos pierden comunicación, se va la luz porque el temblor tumba postes del tendido eléctrico y con ella se desaparece la conexión de Internet y te quedas totalmente incomunicado. Y esta misma sensación sienten tus seres queridos cuando intentan saber de uno porque empiezan a ver noticias que lo único que muestran son imágenes de terror con estadísticas de muertos y devastaciones. Siente el doble efecto del temblor. La pérdida de lo material y la angustia de no saber de los tuyos ni que los tuyos sepan de ti.

Lo material parece simple, pero desgraciadamente aquí estamos en el tercer mundo donde ninguna aseguradora da cobertura a perdidas por desastres naturales y si las encuentras quieren cobrar como si vivieras en los Estados Unidos. Aquí todos los seguros son muy inseguros y tramposos, todos ven por cobrarte y cobrarte, pero a la hora de pagar se rigen por las letras pequeñas que uno nunca lee y te pagan una bicoca y si es que logras cobrar, terminas pagando un deducible muchas veces más alto que lo recuperas.

Lo más importante, es poder hacer el cuento. La vida por supuesto es más valiosa que cualquier cosa material y aquí estamos… vivos y contentos de estar vivo, aunque cueste un ojo de la cara tratar de borrar las imágenes que viviste y sentiste en carne propia. Aunque demore el efecto post temblor, aunque duermas y de repente te despiertes porque estás soñando que otra vez está temblando o aunque no puedas dormir porque temes que te agarre una réplica dormido y no puedas echarte a correr para ponerte a buen resguardo. O en no dejar de pensar en los miles de padres desesperados que buscan a sus hijos entre los escombros, o en los que perdieron todo y hoy viven de la esperanza que un gobierno que es capaz de gastar 5000 mil millones de pesos en campañas electorales, se digne a dar una migaja si bien les va... son imágenes horribles.

Cerati creó una hermosa metáfora con: Despiértame cuando pase el temblor… creo que es lo más aconsejable. Despertar como si todo hubiera sido sueño… un sueño que no quisieras volver a tener.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Epitafio para una historia no profetizada. Luis Pérez de Castro

Publicado en Cuba Encuentro el 29 de agosto de 2017.
Escrito por Luis Pérez de Castro.

¿Puede una fecha, 25 de noviembre de 2016, cambiar la vida de muchas personas no solo en Cuba, también en los Estados Unidos y el resto del mundo?, ¿o es solo un pretexto del autor para entretejer una historia que no por lejana aún hinca sobremanera la piel del cubano? Entre estos niveles de realidad discurre la novela Epitafio para un sueño, de Carlos A. Dueñas Aguado, publicada por la Editorial CAAW Ediciones, Miami, EEUU, 2017. Novela que ofrece, a través de Juan José Vega, Pepe, su esposa y un grupo de amigos que interactúan en las distintas historias que conforman la trama, y con un alto lenguaje reflexivo, la parte más descarnada de la vida de los cubanos desde los primeros días de enero de 1959, pasando por los oscuros años 90 —Período Especial—, hasta la actualidad.
«Estoy viviendo en un mundo de mentiras. Mentiras que subyugan el pensar. Mentiras que desgarran el sentir. Mentiras que niegan libertades. Esas diabólicas mentiras inventadas en su mundo de fantasía, de sueños de poder, de tácticas con mañas. Camino solo hacia el acantilado. Allí están todos mis recuerdos (…) Ahí está también mi entrega, mis tiempos, esos que me quitó en estado catatónico (…) Llego al acantilado. Miro todo lo que desperdicié de mi vida. Es momento de decir adiós. De enfilar el rumbo hacia una nueva vida. De olvidar por siempre esta pesadilla. Hoy es 13 de agosto de 1994. Me subo al barco y emprendo rumbo hacia otras tierras del mundo. Adiós Cuba. Me despido de ti y no regreso hasta que no seas completamente libre, y por si muero, te dejo mi Epitafio».
Personas comunes que cuestionan el presente a partir del dramático cuestionamiento de su pasado; la «pérdida» de la inocencia, la mutilación de un sueño, la expropiación de cuánto le dijeron le pertenecía, la inevitable persecución por una sexualidad no manifestada o por la simple elección de pensar distinto y escuchar otra música allende los mares; personas que intentan sobrevivir en paz, según los preceptos dictaminados por Dios, pero en un ambiente para ellos de hostilidad y desamparo.
«Fidel, pese a las advertencias de los expertos, se empeñó en hacer una zafra de diez millones de toneladas de azúcar. ¿Y qué pasó? ¡Ni cojones, Pepe! Terminó arruinando al país más de lo que estaba en los años 70, y me voy más atrás, desde el 59 está al frente de un gobierno que lo único que ha logrado es convertir en un desastre las producciones ganaderas, de café, de cacao, y ha desaparecido de la mesa de los cubanos la carne de res, el pescado, la langosta y los camarones, y hasta vegetales que se pueden sembrar en cualquier lugar y en cualquier época. Fidel nos impuso un sistema económico que, según él mismo declaró a un periodista norteamericano, jamás ha funcionado. ¿Crees que esto sea justo para un pueblo?».
Aquí, el pasado nos acecha tanto como el presente; sigue siendo el leitmotiv para lograr entretejer toda una trama que un día nos acompañó y hoy, inobjetablemente, nos sigue acompañando, solo que amparado por un discurso que constantemente llama al exterminio, a otra persecución que nada se diferencia a la ocurrida en la década del 70 bajo las riendas del tristemente célebre Luis Pavón.
En Epitafio para un sueño, Carlos se plantea una historia, no importa cuán lejana pueda estar, y la desarrolla con los elementos propios de su oficio: el lenguaje. Cada historia, para él, no es más que la restauración de aquellos sueños por los que siempre luchó y los recrea, con un discurso directo y alejado de sutilezas, de manera fascinante, sin tener en cuenta los peligros que estos puedan reflejar, lográndolo con destreza de estilo y eficacia técnica.
El que necesite una novela de búsqueda, no le recomiendo esta. El que necesite una novela reflexiva y de interrogaciones, es esta la perfecta. Pepe, su esposa y amigos no solo nos hacen reflexionar y nos interrogan, también nos dan las respuestas para no perdernos en el laberinto, para decirlo de algún modo, de sus desgarradoras historias y salir ileso de las heridas que aún no han cicatrizado.
«Pepe recorrió su vista por todos los rincones del patio de la prisión. Nada hermoso meritaba detener sus ojos para calmarse. Empezó a caminar y Ana María lo siguió. En su camino encontró un pedazo de periódico, nunca había visto un periódico que no fuera de Cuba, así que lo tomó y leyó con mucha atención, un recuadro que contenía una frase de Sigmund Freud: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo».
En ella, los protagonistas y los hechos que estos hacen, se preguntan y al mismo tiempo nos cuestiona, nos hace reflexionar sobre los valores que debe habitar al hombre, sobre el respeto al criterio ajeno y a la libre determinación que tiene cada cual en elegir su modo de vida y de pensamiento más factible a su entorno, y también, por qué no, el sistema o país donde quiera afianzar su espíritu de hombre constructor, sin imposiciones ni otro tipo de aberración, muy de moda por estos tiempos. Por eso, las distintas historias que estructuran esta novela, más que historias de vida, son narraciones que ilustran, por medio de la acumulación de experiencias, el mapa de un país y las distintas generaciones que dentro de él conviven. Son estas historias una reflexión desgarradora del existir.
«Era inadmisible olvidar y evitar comparaciones. Cada acto, cada acción y cada logro del presente, inevitablemente, lo llevaban al pasado, como si este le restregara en el rostro todo lo que había carecido y padecido en Cuba, pero, al mismo tiempo, era la recompensa por haber salido, como si todo lo malo hubiera valido la pena».
He aquí, amigos, un pasado que alude a un espacio que se sitúa más allá de nosotros como individuo, de los recuerdos que no solo aparecen, sino que cantan en sus páginas a través de sus personajes, hombres y mujeres comunes, alejados de todo misticismo y con la nostalgia de su idílico país sobre las espaldas.
Háganlo suyo, no más.

martes, 22 de agosto de 2017

EL BIG BANG.


De haberme dado cuenta a tiempo, mi vida no se hubiera convertido en un autentico Big Bang. Sí, así fue y así ocurrió. Una big explosión en un punto en donde antes no existía nada más que la ausencia. No había ni tiempo, ni espacio, ni luz, ni aire. Créanme yo estuve allí, antes, durante y después de que ocurrió el Big Bang. En el núcleo. Yo era el centro del universo. Una nada absoluta, de la cual salió un estrepitoso ruido y justo ahí, empezó a correr el tiempo y ese punto obscuro se tornó blanco, denso, brillante, a una temperatura incalculablemente alta, y comenzó a expandirse en el espacio. Les juro que tuve una sensación muy extraña.
Sin saber cómo, empecé a estirarme como una varilla. Mis ojos se agruparon al centro de mi rostro convirtiéndose en uno solo. Mis piernas se fundieron y tomaron forma de punta. Parecía una aguja que surcaba el espacio recién nacido, el cual comenzaba a tornarse contradictorio. En donde no había nada, ahora aparecía cuanta cosa rara pudiera existir, provocándome efectos nunca experimentados.
Artefactos de cinco puntas fluían en todas direcciones dejando una estela de vapor a su paso y produciendo un agujero obscuro y tenebroso en el punto del cual nacían. Sí, agujeros negros desde donde emanaban cantidades abismales de energía, estirando el tiempo y paradójicamente acortándome la vida.
Grandes esferas multicolores envueltas en una manta lechosa se desprendieron del antiguo punto que a cada segundo, seguía creciendo de igual manera a como se infla un globo. Me dieron deseos de pincharlas, pero iban a más velocidad que yo. Hasta ahí, parecía que todo iba bien. Yo viajaba en línea recta, sin rumbo, sin metas y sin chocar, aunque ya el ruido que provenía de cualquier lugar me resultaba insoportable. El silbido del viento que fluía en sentido contrario y superaba el umbral de lo supersónico.
Sentí mucha confusión mientras me expandía. Perdí el sueño, me torné ansioso y una paranoia total se apoderó de mí. Mis músculos se volvieron tensos, apreté los dientes, sentí mareos, mi vista se nublaba por momentos y mis ojos se movían aceleradamente. Mi corazón latía a ritmos nunca vistos y un océano de escalofríos fluía en lo que antes era un cuerpo normal. Aceleré para ver si esto me hacía sentir mejor, pero mientras más aumentaba mi velocidad, más lenta corría mí vida.
Una segunda explosión—pero esta vez dentro de mi organismo—me hizo temblar, ahora era de miedo. Sentí que mis fuerzas se perdían. Sólo distinguí un círculo borroso que muy a lo lejos se iluminaba por momentos. Era evidente que estaba entrando al túnel. Ese místico túnel que señala el límite entre la vida y la muerte. Perdí el conocimiento y pude percibir que todo en mi se apagó. Me movía por inercia y poco a poco toda mi energía se fue disipando hasta que me detuve.
Pasé largas horas en ese estado, hasta que el tiempo volvió a fluir a ritmos normales y la aguja—en la que me había convertido—ahora servía para cocer mis heridas. Heridas del alma. Heridas que no sanan fácilmente.
Mi big explosión ocurrió justamente aquel día en que probé el éxtasis y lo adopté como algo sin lo cual no podía vivir. Y con ello, empecé a expandirme como lo hizo el universo. Por suerte me alcanzó el tiempo para colgarme de una oscilación de retroceso y volver al punto de partida. Fue un retorno que fue casi eterno, pero regresé. Hoy ya estoy recuperado, pero les juro que yo estuve allí cuando el ocurrió el Big Bang.

OCTUBRE 2006 © Derechos reservados. Revisado 2017.


domingo, 20 de agosto de 2017

El Facebook y la Cubanidad.


EL FACEBOOK Y LA CUBANIDAD.

El muro de Facebook es como una casa en Cuba. La puerta entreabierta con el gancho puesto para que todos los vecinos puedan entrar. Una vez adentro se mira todo con vista giratoria de 360 grados,  se analiza todo como lo hiciera en su tiempo el gran detective de lupa y cachimba culminando las pesquisas con un elocuente «Elemental Watson»

Todo se ve, nada se toca. Todo se infiere y se interpreta según sea el tamaño de la lupa del invitado y pobre de esa casa en la que no se encuentra lo que se esté buscando.
Cuando es un enemigo evidente, no hay cabida para la más remota posibilidad de impedir un comentario al más vil estilo de vecindad cubana y con ello seguimos viviendo en Cuba aunque estemos en el exilio. Unos más sinceros, otros más moderados, otros arraigados al extremismo de izquierda o de derecha pero sin perder una pizca de nuestra cubanidad. 

Recordemos cuando en la lejana Isla entraba el CDR o el sindicato a evaluar o vigilar lo que cada quien hacía, decía o pensaba.

Pongamos un ejemplo. Pepe escuchaba la WQAM a todo volumen. Y cuando se acababa una canción corría a bajar el radio para que no se escuchara a Charles Fernández decir que había un «Beatiful day in South Florida» o los cortos de noticias que irremediable ponían cinco minutos antes de la hora en punto. Pero si Pepe se había metido al baño a resolver un pequeño asunto que no podía postergarse, y no alcanzaba a bajar el volumen, se lo llevaba el mismísimo infierno.

Ya se imaginaran… «Pepe es un desafecto a la revolución porque escucha estaciones en inglés. Ese idioma que habla el enemigo de nuestra querida revolución… y ahí empezaba el viacrucis: el reporte del CDR al agente del G2, este lo elevaba al núcleo del PCC, y de ahí lo bajaban al sindicato y empezaba la máquina de moler carne a triturar a Pepe hasta que quedara hecho mierda y marcado de por vida.

El resultado es bien conocido: Pepe tendría muy pocas posibilidades de sobrevivir… o soportar como un hombre o tomar una lacha y lanzarse a la mar a merced de las corrientes o de la fauna marina. 

El Facebook es lo mismo. Si Pepe es demócrata, o declara abiertamente que es republicano o dice que simpatiza con Trump o que le gustaba la Hilary, empieza a activarse el CDR del cibersolar y la máquina trituradora de moler cualquier cosa —porque en el Facebook es distinto que en la Isla— aquí nadie tiene miedo porque ya somos libre de opinar y hasta de ofender si fuera el caso, pero no libre de respetar lo que otros piensan— Incluso los que no opinan por no salirse del closet, callan porque siguen viviendo con el mismo miedo con que vivían antes y con el síndrome de las post-salida al pensar que todavía los vigilan.

También en el Facebook se activan los mecanismos de espionajes y los que no piensan como el propietario del muro aplican el proceso de bloqueo (este no es económico) total y te declaran persona Nom Grata.

Al final, amigos, lectores y simpatizantes de mi forma de pensar, no hay nada más parecido a vivir en Cuba que tener una cuenta de Facebook. Un muro es como la puerta con el gancho puesto donde entra quien uno quiere que entre. Una vez adentro, tendrás que ser lo suficientemente inteligente para sobrevivir si quieres «pertenecer» o ser uno más que ve con tranquilidad los toros desde la barrera.


De cualquier manera no te salvaras del CDR, ni del sindicato, ni del núcleo, ni de esa maquinaria cubana que corre por nuestra sangre como parte de esa cubanidad innata que nos caracteriza.

martes, 8 de agosto de 2017

Si caminamos por la senda socialista, estamos condenados a escribir cada día el "Epitafio para un sueño" truncado

Hablemos un poco sobre Epitafio para un Sueño.



Cuando sales de Cuba y empiezas a conocer el capitalismo no puedes evitar las comparaciones entre el pasado y el presente. ¿Qué hacía en Cuba? ¿Qué tenía? ¿Cuánto ganaba? contra el ¿Qué hago ahora en México? ¿Qué tengo? ¿Cuánto gano solo por estudiar? La cabeza gira y los recuerdos salen todos a flor de piel. Si mal no recuerdo a finales del 96 ya tenía escrita como 200 páginas de anécdotas y recuerdos. Todos tenían algo en común: «Todas las historias que había escrito estaban llenas de tristeza». Fue una especie de catarsis ante tanta frustración e impotencia. Todo lo que nos fue negado gritar a viva voz, tomaba vida y conciencia. Todas aquellas «micro-conspiraciones» entre amigos y compañeros de trabajo empezaron a tomar forma.

En el año 97 me mandan a buscar de Cuba porque había surgido una ley que no podías estar más de dos años fuera y llegó el momento de hacer pública una decisión que había tomado desde la primera semana de estar en suelo mexicano. Mientras se pudiera gozar del privilegio de poder ir a Cuba a ver a mis hijas y a mis padres, había que mantener en silencio la decisión de quedarme. Y fue precisamente el silencio, mi mejor respuesta al que entonces era el decano de la facultad de ingeniería de la universidad de Cienfuegos.

Era evidente que no iba a matar mis sueños de ser libre cometiendo el error de regresarme y vivir en tanta falsa. Ahí surgió la idea del nombre de «Epitafio para un sueño». Después de haber vivido la muerte de tantos sueños, no podía dejar morir el que tenía en mis manos ni dejar morir todo lo que tenía escrito; Había entonces que escribir el epitafio de todos los sueños que nos habían truncado.

Muchos me preguntan si Epitafio para un sueño es un material autobiográfico. Mi respuesta siempre es un NO, aunque en realidad tiene muchas cosas que son parte de mi vida.

El año 1994 fue un año muy duro en mi vida. Ocurrió la muerte de mi padre (o mejor dicho el suicidio de mi padre) y unos meses después viví un divorcio que me pegó muy duro. Y creo que fue el punto de partida para elaborar la trama de esta historia y así describo a «Pepe el Salao». Un personaje que además de vivir su propio infierno tiene que sobrevivir al infierno que vivíamos en la Isla. Un ciudadano de a pie que se levanta cada mañana enfrentando el gran dilema de sobrevivir a cada día. Pepe pasa hambre, no tiene ropa que ponerse, no tiene jabón para bañarse ni pasta de diente para lavar su dentadura, no tiene café, y para colmo no tiene energía eléctrica porque en esa época el gobierno quitaba la luz hasta por 18 horas justificando que por culpa del embargo americano teníamos que vivir en lo que ellos llamaron «Periodo especial en tiempo de paz». Así vivía Pepe y el 95% de la población cubana. Y obviamente así vivía yo.

Y es en ese contexto que Pepe me representa, además que también tiene mi forma de pensar, de hablar y de comportarse ante la vida. Pero en Pepe están representados muchos cubanos. Esos cubanos que aman la libertad, que se cansaron de ser esclavos en su propia tierra, que se rebelaron ante tanta opresión y buscaron la única forma posible de hacer algo por sí mismo: Salirse de Cuba a como dé lugar.

Existe un segundo personaje que también me representa y justamente lleva mi nombre. Carlos, es mi otro yo. El que sale a estudiar y decide no regresarse. Es el que escribe la historia, es el que se enfrentó a todos los demonios que nacen cuando decides convertirte en un exiliado, en traidor a la patria, en una escoria, por el simple hecho de decidir donde es mejor para él su vida. Carlos es el que sufre las venganzas de un sistema que no solo te obliga a separarte de la familia, sino que además te impone y te castiga con leyes migratorias que solo están hechas para joder al cubano y arrancarlo de lo más valioso que existe para una ser humano; su familia. Y así se cumple el objetivo de todo sistema dictatorial: divide y vencerás. Hecha a pelearlos entre ellos, divide a las familias y niega la posibilidad a una hija de comunicarse con su padre, porque es un traidor.

Los demás personajes representan a todos mis amigos que tuvieron que salir en busca de la libertad y del sueño americano. Los que arriesgaron sus vidas en una lancha o en una balsa.  Los que sufrieron la opresión, la discriminación por sus preferencias sexuales, por sus preferencias religiosas o por el simple hecho de no pensar como quería el sistema que uno pensara.

Sobre el personaje Antagónico: Ana Bárbara.

Ana Bárbara es un personaje en el que se funden muchas historias. Tuve una vecina a la que vi crecer criada en el seno de una familia humilde y de una moral muy conservadora. Un día, cuando esa niña cumplió sus 18 años, sobre esa familia se nubló el cielo. Creo que cuando cuento el sufrimiento de Pepe porque su mujer lo dejó, cuento el sufrimiento de ese padre cuando se enteró que esa niña a la que vimos crecer se había metido a Jinetera.

Ves cómo viven el duelo y ves además como ese duelo se va convirtiendo en aceptación y más tarde en una complicidad. Ves cómo evoluciona el pensamiento y la niña que era criticada y juzgada ahora se convierte en el sostén de la familia. Al final te das cuenta que en esa época en Cuba (mucho menos hoy)  ni con principios ni con moral podías ir a comprar un kilo de carne al mercado. Hacía falta «el fula» y tenías que tener un medio para conseguirlo. Es triste ver como se prostituye una hija, pero también tienes que sobrevivir.

En Ana Bárbara también se representa a muchas amigas que por el día jugaban el papel de la estudiante abnegada que cumplía con todas las tareas de la escuela y por las noches se vestían de putas para buscarse unos pesos. En ese tiempo cobraban 40 dólares por unas horas. Esos 40 dólares no los ganaba yo en un año, sumando el salario de cada mes.

Sobre los demás personajes

Todos son amigos entrañables desde la niñez y la adolescencia. Esa juventud que marcó nuestras vidas.

A muchos lo vi irse en el 80, cuando los sucesos del Mariel. A muchos los vi salirse en una balsa después del «Maleconazo» en 1994. A muchos nunca más los vi pero siguen en mi memoria.

La historia de algunos de ellos está plasmada en Epitafio para un sueño.

Y por fin llegó el día.

Solo me hacía falta un acontecimiento para publicar Epitafio para un sueño y ese fue «La muerte de Fidel Castro». Creo que para todos los que nacimos con la revolución y para todo el exilio en general, hay un sueño latente y es el de poder ver antes de morirnos a una Cuba libre y democrática. Pero desgraciadamente no ha pasado y por lo que veo, todavía el pueblo cubano no quiere dejar de ser un pueblo esclavo. Entonces la muerte del tirano me dio ese hecho para que los personajes de Epitafio pudieran tener un motivo para cerrar esas heridas que en muchos seguían abiertas. Ese acontecimiento me ayudó a redondear la historia y me dio ese motivo de celebración que el cubano anhela.

¿Por qué deben leer Epitafio para un Sueño?

Esta historia no está escrita solamente para el exilio cubano. Desde que llegué a México hace 22 años siempre me ha dado mucha curiosidad el amor que se siente por la revolución cubana y sus líderes. Es evidente que ese amor es producto de una historia mal conocida. En México y en el mundo solo se conoce la historia que el sistema siempre contó a su manera.

En la novela hay justamente una mexicana que se mete a esa parte de la realidad que el gobierno nunca muestra al exterior. El día a día de un cubano. La convivencia entre cubanos. La parte mala de una estructura social diabólicamente creada por la maquinaria del gobierno. Y eso es lo que se encuentra Andrea en esta historia. No a un cubano que tiene miedo a decir la verdad y le cuenta a un turista verdades a medias. No a un cubano moldeado bajo los efectos de una triple moral, ese que habla de una forma, piensa de otra y actúa de manera muy distinta a como habla y como piensa. No se muestra a una Cuba de fantasía donde se representa al cubano como un eterno defensor de su gobierno. A eso me niego rotundamente al contar esta historia.

Esta es una historia que pretende mostrar la realidad de estos casi 60 años de dictadura desde la óptica realista de sus protagonistas para que el mundo conozca de una vez y por todas que el sistema socialista se ha basado en el engaño desde su surgimiento y que dejen de pensar que el socialismo es la solución a los problemas actuales que vive el mundo. Sé que es una idea muy ambiciosa y además difícil, pero si con esta novela contribuyo en algo a desvirtuar esa imagen, ya me doy por servido.

Esta es una historia que pretende mostrar la verdadera cara de la revolución cubana, de sus líderes y de sus fabricados mártires y que la juventud del mundo deje de idolatrar a la imagen de un Ché Guevara que fue en vida un despiadado asesino a quien no le temblaba el pulso para dar un tiro de gracia a un cadáver ya fusilado. Se necesita mucha cobardía para rematar a un muerto.

Y es triste ver como esa historia cubana se repite hoy en Venezuela y como en México se corre el riesgo de que el próximo año pueda ganar la presidencia un Andrés Manuel López Obrador, que por más que quiera representar lo contrario, está formado en esas ideas de la izquierda que solo pretende llegar al poder para implantar una dictadura proletaria. Esas dictaduras donde el que menos se beneficia es el proletariado y no tengo que explicar el por qué. Remitirse a 60 años de dictadura stalinista y leninista en las ya extintas repúblicas socialistas soviéticas, a casi 60 años de dictadura castrista en Cuba y más de una década de chavismo en Venezuela es más que suficiente.

Epitafio para un sueño es justamente esa enseñanza: Si caminamos por la senda socialista, estamos condenados a escribir cada día el epitafio de un sueño truncado. Por eso creo que es necesario leer esta novela.



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